EL EGO NOS DOMINA TODO EL TIEMPO

Hemos oído hablar tanto del ego que, en ocasiones, creemos que es lo peor que nos puede pasar. Pero, como he dicho antes, no se trata de si es bueno o malo; lo necesitamos, pero debemos aprender a reconocer cuándo es nuestro aliado y cuándo nuestro enemigo.

El ego no es algo malo en sí mismo, pero cuando nos domina, nos desconecta de la realidad y nos impide vivir en paz. La clave está en observarlo y no dejar que controle nuestras acciones. El verdadero problema es que, con demasiada facilidad, perdemos la capacidad de verlo. Y para explicarlo mejor, te contaré una experiencia muy personal.

Durante años, yo sentí que era capaz de hacer cualquier cosa. No importaba qué fuera, yo podía con ello, era suficiente. Si alguien me decía lo contrario, que buscara otras opciones o que me detuviera, ahí sí había un problema, porque claramente esa persona era una incapaz y no veía las cosas como yo. Es más, para mí, esa persona casi se convertía en un fracasado por no ser capaz de creer que sí era posible.

Esa mentalidad me llevó, durante años, a tomar decisiones complejas y a meterme en grandes líos, sobre todo financieros. ¿Y qué pasaba conmigo cuando algo se salía de mi control? Se armaba la tragedia más grande de mi vida. Porque, además, yo creía que todo lo tenía bajo control.

Y aunque ahora te hablo de estas situaciones en pasado, debo decirte que solo hasta hace unos días pude ver con claridad lo que realmente ocurría. Estaba atrapada en mi ego soberbio, un ego que se creía mejor que los demás y que, además, sabía disfrazarse muy bien para que yo no lo notara. A veces, se vestía de víctima: “Nadie me entiende, Dios no me escucha, yo hago todo bien y al final todo me sale mal”—con llorada y crisis a bordo.

Pero lo más grave (para mí) era que, sabiendo que tenía las herramientas para no caer en el papel de víctima, igual lo hacía. No sé si en este punto me entiendes, pero en el día a día es algo realmente difícil de notar. Y más difícil aún porque no estaba viendo el verdadero problema: UN EGO SOBERBIO que me tenía ciega y atrapada en un bucle durante años.

Aquí no termina la historia. Durante mucho tiempo, algunas personas intentaron hacerme ver lo que me pasaba, pero yo siempre respondía de forma reactiva, muy reactiva. Me empeñaba en demostrar, a toda costa, que los equivocados eran ellos.

Hace poco, en medio de una de esas crisis y tras una larga conversación con mi mejor amiga (Ale, si lees esto, gracias de corazón por ayudarme tanto), por primera vez en mi vida empecé a ver lo que nunca antes había visto de mi ego. Aunque ya me lo habían dicho muchas veces, esta vez se mostró ante mí tal cual era. Fue una sensación tan impactante que ni siquiera puedo describirla.

Al mismo tiempo, pensé: “Uf, qué difícil debe ser convivir con alguien a quien su ego lo ciega”. No fue fácil aceptarlo. Tuve que quedarme en silencio, serena, y permitir que toda esa información emergiera para poder resignificarla. Porque la clave no está en darnos palo por lo que hemos hecho “mal”, sino en aprender a quedarnos en calma y en silencio, para que esas heridas puedan salir a la luz y sanar.

Al final, lo que el ego intenta es defender a esa niña o niño herido que teme enfrentarse a la vida.

Aquí te voy a dejar como se puede ver el ego en nuestro diario vivir, quizá también te esté pasando y no lo hayas identificado:

El ego nos domina de muchas formas sutiles y cotidianas sin que nos demos cuenta.

Necesidad de tener la razón

Discutes con alguien y, aunque en el fondo sabes que podrías estar equivocado, sigues peleando solo para no “perder”.

Ejemplo: Estás en una discusión sobre una película y, aunque el otro tiene pruebas de que te equivocaste con el nombre del director, sigues insistiendo en que tienes razón.

Compararse con los demás

Ves a alguien con un carro nuevo o viajando y piensas: “Yo debería tener eso también” o “Seguro lo consiguió de manera fácil”. El ego nos hace sentir inferiores o superiores en lugar de felices con lo que somos.

Tomarse las cosas personales

Alguien no te responde un mensaje rápido y piensas: “Me está ignorando, ya no le importo”, cuando en realidad la persona simplemente estaba ocupada. El ego asume que todo gira en torno a nosotros.

No pedir ayuda por orgullo

Prefieres tardarte el doble en algo complicado antes de reconocer que necesitas ayuda.

Ejemplo: No sabes cómo hacer un trámite, pero en lugar de preguntar, pasas horas buscando información solo por no admitir que no sabes.

Tener miedo al rechazo o al fracaso

No intentas algo nuevo (como emprender o hablar en público) por miedo a lo que dirán los demás. El ego te convence de que es mejor no intentarlo antes que “quedar mal”.

Buscar validación constantemente

Publicas algo en redes sociales y si no recibe suficientes likes, te sientes mal. El ego te hace depender de la aprobación externa en lugar de disfrutar lo que haces por ti mismo.

Creer que eres más espiritual/inteligente/avanzado que los demás

Pensar: “La gente a mi alrededor no entiende nada de la vida, yo estoy en otro nivel”. Ironía del ego: incluso en el crecimiento personal, puede hacerte sentir superior.

El ego, aunque muchas veces nos domina de manera negativa, también tiene un lado positivo cuando lo usamos conscientemente y sin dejarnos controlar por él. Aquí te dejo algunas maneras en las que el ego puede ser útil:

Impulsa el crecimiento y la superación

Si lo usas bien, el ego puede ayudarte a decir: “Puedo hacerlo mejor”, motivándote a mejorar sin caer en la comparación tóxica.

Ejemplo: Quieres dar una conferencia, pero sientes miedo. Tu ego bien gestionado te dice: “Puedo aprender, prepararme y hacerlo con confianza”.

Refuerza la confianza en ti mismo

Un ego sano te permite reconocer tu valor sin necesidad de la aprobación externa.

Ejemplo: Sabes que eres bueno en lo que haces y lo expresas sin arrogancia, sino con seguridad.

Te protege de abusos y te ayuda a poner límites

Si alguien intenta menospreciarte o aprovecharse de ti, el ego te ayuda a decir “Merezco respeto”.

Ejemplo: Un jefe te pide que trabajes horas extra sin pagarlas. Un ego sano te hace decir “No, mi tiempo es valioso”.

 Te ayuda a tener ambición y metas

Sin ego, podrías conformarte con menos de lo que eres capaz de lograr.

Ejemplo: Sabes que tienes talento para emprender, y en lugar de dudar, el ego te impulsa a intentarlo.

Te da resiliencia ante críticas

Si lo manejas bien, el ego te ayuda a no derrumbarte ante comentarios negativos.

Ejemplo: Alguien critica tu trabajo, pero en lugar de hundirte, piensas: “Voy a mejorar y demostrar mi capacidad”.

El secreto está en usar el ego como herramienta y no dejar que nos controle. Cuando lo equilibramos, nos impulsa sin hacernos esclavos de la validación externa o la comparación.

Compartir artículo

Artículos Relacionados