¿CÓMO SE SUPERA UNA VIEJA AMIGA QUE YA NO HACE PARTE DE TU VIDA?

No sé si este artículo sea para hombres y mujeres, pero sí sé que muchas niñas se van a sentir identificadas conmigo (al menos eso espero).

Siempre se habla de lo difícil que son las pérdidas: amores, familiares, personas queridas que fallecen… Pero ¿y cuándo hablamos de lo duro que es perder una amiga? Esa amiga que de verdad querías, con la que compartiste tantas cosas, pero que ya no está. Y peor aún: ya no está porque sentiste que traicionó el vínculo que tenían (o quizá fuiste tú quien lo rompió, pero hoy vamos a hablar de esa que rompió ese vínculo contigo).

Hay varias cosas que quiero decir aquí. Porque si ya me conoces, sabes que más que contar un chisme, me gusta sacar aprendizajes. Esto no es solo para leerlo, sino para reflexionar y trabajar en nosotras día a día.

Gracias a Dios, ya hace un par de años no vivo una tusa de perder amigas. La última fue hace como dos años… y dolió. Dolió bastante. Pero también siento que no me ha vuelto a pasar porque yo cambié la forma desde donde me vinculaba. Ya no necesito que ninguna amiga (ni amigo) llene vacíos que me corresponde sanar a mí. Ya no permito que pasen por encima mío solo por miedo a que se vayan.

He aprendido mucho sobre la amistad. Y algo que hoy tengo claro es que una amistad sana se basa en valores compartidos. Para mí, esos valores incluyen:

  • Que tengamos claro que no somos competencia.
  • Que entendamos que entre todas podemos ayudarnos a ser mejores personas.
  • Que un malentendido no tiene por qué acabar con la amistad.
  • Que podamos tener diferencias, incluso discusiones (pocas, ojalá), y aún así cuidarnos.
  • Que no necesito un comité de aplausos: amo a mis amigas que me dicen con amor cuando la estoy embarrando.
  • Que no tengan que tener mis mismos gustos, pero sí el respeto por nuestras diferencias.
  • Y que sean mi lugar seguro para chismear (¡sí! chismear con cariño, sin dañar a nadie).
  • Bonus: si les gusta el cafecito como a mí, mejor aún ☕😂.

Obviamente, esto no lo entendí de un día para otro. Me costó años y muchas lágrimas. Y entre todo ese camino, hubo una amiga que se saltaba todos esos valores. Yo tenía tanto miedo de perderla, de no encajar, que caí en su juego. Hasta que un día, todo eso me sobrepasó y salí de esa relación.

Y te digo algo: fue duro. Lloré mucho. Y sí, creo que aún queda algo de amor por ella en mi corazón. Pero también sé que esa relación fue dañina. Le deseo cosas lindas, porque a pesar de todo, admiro muchas cosas de ella. Es una mujer verraca. Pero no me niegues que eso duele casi tanto como perder al primer amor.

Soltar con amor también es un acto de amor propio

Es momento de soltar con amor. A esa amiga. A ese vínculo. No importa cuánto dolió: tú puedes desearle cosas buenas desde el corazón.

Porque cuando entiendes que ella también estaba reaccionando desde sus propias heridas, desde esa niña que no supo cómo ser una buena amiga… puedes liberarte.

Suelta el dolor. Suelta los pensamientos feos. No vale la pena tu energía. Como dicen por ahí: tomarte el veneno tú, esperando que le haga daño a la otra persona… no funciona.

Hoy en día me es fácil recordarla con cariño. Agradezco lo bueno y lo no tan bueno, porque gracias a todo eso pude reconocer mis heridas y empezar a tomar otras decisiones.

¿Soy la amiga perfecta? ¡Por supuesto que NO! Jajajaja. Pero cada día trato de dar lo mejor de mí, de ofrecer lealtad, de acompañar, de ser amable y empática. No siempre sale perfecto, pero hay un buen corazón detrás de todo.

A mis amigas (y amigos) de hoy Los amo.

Gracias por ser parte de mi vida, por caminar conmigo, por ser testigos de mi proceso. Ustedes son fundamentales en este camino de crecer y convertirme en mi mejor versión cada día.

Y si tú, que estás leyendo esto, estás pasando por algo similar, solo quiero decirte:

No te des tan duro. Estás haciendo lo mejor que puedes. A veces simplemente no sabemos cómo hacerlo… y está bien.

Con amor,
Jessi

Compartir artículo

Artículos Relacionados