Lo más constante que he escuchado este año en boca de muchas personas es:
“¡Qué año de mierda!”
Y veo a los demás responderles:
“¡Uy sí, total!”
Entonces me pregunto:
¿Realmente este año ha sido una mierda?
¿O será que no estamos entendiendo qué está pasando?
Empiezo por mí…
Recuerdo en diciembre de 2024 todos los planes que tenía, todas las metas que iba a cumplir y lo maravilloso que supuestamente iba a ser el nuevo año. Pero no tomé muy en cuenta cómo, en octubre y noviembre, la vida ya me estaba mostrando —con toda la claridad del mundo— que las cosas estaban cambiando. Y aun así, yo quedé ciega ante lo evidente.
Llega por fin el tan anhelado 2025 y pasó lo inevitable:
ABSOLUTAMENTE NADA de lo que yo creía que iba a pasar, pasó.
Y no solo eso.
Todo lo que yo pensaba que iba a lograr, construir o provocar, simplemente no sucedió.

Desde enero hasta finales de mayo todo fue:
⚡ Caos
⚡ Conflictos
⚡ Dudas
⚡ Pérdidas (de todas las formas posibles)
Y mi vida se veía literalmente abajo.
Me hundí y también me abracé
Lo primero que hice, desde mi parte más humana, fue decir:
“Todo lo hice mal.”
Y activé un diálogo interno desastroso.
Lo valioso de todo eso es que, en medio de esa tormenta, fueron los meses donde más conectada estuve con Dios. Le decía:
“No entiendo nada, pero lo dejo en tus manos.”
Ahí fue cuando empecé a soltar el control, no porque quisiera, sino porque ya no había más opciones.
Y adivina qué: llegó aún más caos.
Me convertí —sin darme cuenta— en la víctima de mi propia historia. Esta vez en casi total silencio. Muy pocas personas se enteraron.
Pero mi conciencia, ese trabajo que he hecho durante años, me recordaba:
“Solo es una etapa.”
Aunque, honestamente, sentía que estaba reviviendo la historia del 2021… esta vez con más herramientas.
El día que me volví a ver
Todavía recuerdo ese día de mayo en el que me senté y tuve claridad total.
Vi todo lo que había pasado.
Entendí que había sido durísima conmigo.
Me hablé con una dureza que jamás usaría con nadie más.
Y entendí que a la primera persona a la que debía darle el amor que siempre doy…
Era a mí. Ahí empezó todo a cambiar.
Empecé a hacerme responsable de mis decisiones, de todas las incoherencias que me llevaron hasta ese punto.

Y confieso: no fue fácil.
Pero casi tres meses después, puedo ver con claridad cómo tantas creencias limitantes me habían llevado de nuevo al mismo lugar.
¿Un año de m13rd4 o un año de transformación?
Yo no creo que 2025 sea un año malo.
Lo que sí creo es que ha sido un año de transformación brutal.
Y a veces, esas transformaciones vienen de la mano del caos.
Un caos profundo, incómodo y necesario.
No creo que sea culpa del 2025.
Tampoco creo que podamos evitar el caos en nuestras vidas.
Lo que sí podemos elegir es desde dónde tomamos decisiones cuando el caos llega.
No es culpa. No es víctima. Es conciencia.
Esto no se trata de poner culpas externas.
Se trata de hacer un trabajo de conciencia.
De revisar nuestras decisiones, nuestras acciones, nuestra forma de reaccionar ante lo que no entendemos.
Porque sí: en medio del caos aparece una verdad incómoda y repetida hasta el cansancio:
“No puedes obtener resultados diferentes haciendo lo mismo.”
Y eso aplica para todo.
Si llegaste hasta aquí, te dejo dos cosas:
- No me creas nada.
- Pruébalo.
¿Qué es lo peor que puede pasar?
Pues te digo lo que me pasó a mí:
Que todo empezó a mejorar.
Y que empezaron a pasar cosas buenas.
Así de simple. Así de mágico. Así de incómodo también.
Gracias, primer semestre del 2025.
Fuiste un maestrazo.
Aquí voy, llevándote con estilo.
Con amor,
Jessi

