UNA CARTA DESDE EL CAOS (Y EL AMOR)

La verdad, hoy no tengo un tema en especial. Solo voy a ver qué me sale, porque tengo la cabeza llena de muchas cosas. Pero, al mismo tiempo, siento que todo tiene que ver con todo. Espero que me entiendas, porque quizá tu cabeza también, a veces, es una mezcla de todo al mismo tiempo.

Cuando los planes no salen como pensabas

Puedo empezar por decir que los últimos seis meses nada salió como lo tenía planeado. (Dato importante: esto no es una queja, es contar la historia desde lo que viví).

Recuerdo que todo empezó en octubre. Aunque parecía inofensivo, nunca me imaginé que las cosas empezarían a cambiar y a entrar en un caos que, por momentos, creí que no iba a superar.

Y sí, te podrías preguntar:
¿No se supone que enseñas a superar el caos y tener una buena vida?

La respuesta es sencilla: enseño la base para obtener cambios y sostenerlos, pero el caos es parte de la vida humana. La diferencia está en cómo lo asumimos: si es parte de los cambios que necesitamos, o si lo estamos generando con nuestras decisiones del día a día.

Enfermarse, perder, romperse

En noviembre tuve mi primer gran quiebre: me enfermé de una forma tan intensa que pensé que no lo iba a lograr.
Nunca en mi vida me había sentido tan, pero tan mal.

A eso se sumaron problemas con algunos de mis hermanos y una alerta que no vi venir, y que en enero se salió de control.

Yo seguía creyendo que “cualquiera se enferma”, pero empecé a cuestionarlo TODO:
mi fe, mis hábitos, mis creencias, mi trabajo.
Sentía que caía en un hueco.
No sabía cuán profundo era.

Ilusiones, planes… y una gran lección

Diciembre parecía un mes tranquilo. O al menos eso creía.
Recuerdo la ilusión con la que organicé mi 2025: todos los planes, todo lo que —según yo— tenía bajo control.

¡Ay, Dios mío, qué risa me da ahora!
Repito: según yo, tenía todo bajo control

Y justo ahí, sentí que Dios, el universo, o eso en lo que cada quien crea, me decía:

“NO, MI LINDA. NO TIENES EL CONTROL DE ABSOLUTAMENTE NADA.”

Y entonces sí, empezó una noche oscura del alma.

Todo se vino abajo

En enero, todo se derrumbó en todas las áreas de mi vida. Algunas más fuertes que otras.
Pero yo seguía aferrada a la idea de que podía con todo. Que solo tenía que hacer más, o esforzarme más.

Lo único que sí sentía claro era esto: no debía soltar mi fe en Dios ni en los ángeles, aunque no entendiera absolutamente nada.

Pero el resto…
Me fui hundiendo. Dejé hábitos. Empecé a compararme con otras personas.
Las deudas me asfixiaban.
Subí de peso. Me enfermé más. Mis ingresos bajaron a cero.

El caos se apoderó de mí de forma majestuosa.

Me sentí como en ese agosto del 2021 cuando todo colapsó, pero ahora era peor.
Porque se supone que yo ya sabía cómo manejarlo. Se supone que ya tenía herramientas.

Las pérdidas que no te enseñan a procesar

En febrero falleció mi suegro, un hombre que me amó como a una hija.
También murió mi mascota. Y no sabía que el dolor por un animalito podía ser tan real, tan profundo.

Y ahí… en medio de todo eso, me di cuenta de que ya casi cumplía 40 años y no tenía la vida que “se supone” uno debería tener a los 40.

Me decía a mí misma:
“Mira a toda esa gente más joven, con todo resuelto… y tú aquí, con 40, sin dinero, con sobrepeso, y todo colapsado.”

¿Dónde estaba mi valor?

Me di cuenta de que —aunque ya lo sabía— finalmente entendí con claridad que yo misma me daba mi valor por cómo me veía o cuánto dinero tenía.

Y como no tenía ninguna de las dos…
mi valor estaba en cero.

La luz al final del túnel (aunque tenue)

Llegó mayo. Y aunque muchas cosas siguen sin resolverse, y todavía me siento desafiada, algo dentro de mí empezó a cambiar.

Empecé a ver las cosas con más amor.
Entendí que uno de mis mayores errores había sido la auto exigencia desmedida, llevarme al límite por querer sostener una imagen perfecta.
Y comprendí que esto no se trata de control, se trata de amor.

Empecé a hacer desde el ser, no desde el deber.
Me traté con más compasión. Organicé, retomé, solté.
Y sobre todo, respiré.

¿Y ahora qué?

Hoy es 30 de mayo.
No sé qué día leas esto.
Pero si te sentiste identificada(o) con algo de esta historia, quiero decirte esto:

No empiezas desde cero.
Empiezas con la sabiduría de lo que esta vez puedes mejorar.

Dejemos de darnos palo por lo que “pudimos haber hecho”.
Ya pasó. No se puede cambiar.

Pero sí puedes decidir qué harás con lo que queda de este año.
Quedan seis meses.
Seis oportunidades de 30 días para elegirte con más amor.

¿Todo será perfecto? No.
¿Será todo color de rosa? Tampoco.
Pero tu actitud puede cambiarlo todo.

Mi lema favorito (y el que me salvó)

Cierro con esto. Es un mantra que me ayudó a bajar de peso en 2021, y hoy decido aplicarlo en todas las áreas de mi vida:

SOLO POR HOY
Solo por hoy soy compasiva conmigo.
Solo por hoy me trato con amor.
Solo por hoy camino un par de minutos.
Solo por hoy leo algo que me enseñe.
Solo por hoy me escucho.
Solo por hoy me elijo.

Y si todo se ve muy grande, respira y enfócate en una sola cosa:

Un problema resuelto a la vez.

Respira profundo.
Estás viva. Estás aquí.
Y eso ya es suficiente para volver a empezar.

Compartir artículo

Artículos Relacionados