SALÍ DEL INFIERNO Y VOLVÍ A RENACER – MI VERSIÓN 2.0

infierno

Y es que realmente ni sé por dónde empezar a contarles todo lo que ha sucedido en estos meses de ausencia. Han sido tantos cambios que a veces mi cerebro no termina de procesar toda esta información. He pasado por tantos estados, desde la víctima hasta la falsa creencia del ego de creerme un mejor ser por tener información. Incluso llegué a ver este año como una prueba a mi resistencia, y es que, en el fondo, sigo creyendo un poco de todo esto, pero hoy con una visión distinta.

Debo confesar que durante diez meses me sentí en el infierno. Un infierno que me carcomía, que no me dejaba en paz, y que me hacía sentir olvidada por Dios, pues se suponía que “yo hacía todo bien”. Incluso canalizaba mensajes de los ángeles, que sí eran verdad, pero los interpretaba a mi conveniencia. Fueron meses de creer que debía ser a mi manera y, peor aún, de dejar poco a poco de buscar dentro de mí para empezar a encontrar respuestas afuera. Y eso, de verdad, ha sido uno de los errores más grandes que he cometido (al menos para mí).

Mi frustración crecía al ver que tenía toda la información, pero que finalmente no estaba haciendo nada con ella, aunque yo juraba que sí. Empecé a buscar validación externa en la familia, los amigos y las redes sociales, y me desconecté totalmente de mi propósito. Sin contar las cosas externas que pasaron y que estaban fuera de mi control (y no me refiero solo a la pérdida tan enorme de dinero —otra vez—), sino a los duelos y el dolor del alma. Perder a mi mascota fue duro, que se alejaran amigas que amaba también lo fue, pero perder a mi suegro fue el peor de los momentos.

Hace años no vivía un duelo tan tenaz. Él había sido como un papá para mí en los últimos nueve años: su amor, sus palabras, su forma de hacerme sentir amada y como su hija, y mi alma y mi niña interior sintió que nuevamente quedaba sola y huérfana. Pero al mismo tiempo, por no ser su hija de sangre, no me sentía merecedora de llorarlo cada día, así que me tragué todo ese dolor y me quedé en silencio.

Y, por supuesto, como era de esperarse, toqué lo que para mí fue fondo otra vez. Y ahí me sentía peor, porque sentía que había fracasado nuevamente. Se suponía que yo debía saber cómo manejar este tipo de situaciones, pero al final no se trata de saber o no, se trata de entender y hacer conciencia de lo que está pasando.

No sobra decirte que esto no te lo cuento desde la víctima, sino desde el reconocer y hacerme responsable de todo: no solo por las decisiones que tomé, sino por la actitud frente a ellas. Porque sí, fui víctima, aunque creía que no. También fue ego, fue soberbia, fue creer que me las sabía todas. Fue pensar que yo podía ponerle reglas y límites a Dios. Fue esperar respuestas afuera porque me daba terror aceptar que debía revisar otra vez mi oscuridad.

Y es que, la verdad, nunca debí dejar de mirarla. Pero bueno, ya sabes cómo somos los seres humanos: siempre queremos tomar atajos, y hay atajos sin salida, y te toca devolverte.

Hace un par de semanas, después de una terapia con mi profe Jenny (profe, si lee esto, no tengo cómo agradecerle lo que hizo por mí), pude ver la luz. Pude entender y volver a ver con mis propios ojos qué era eso que me tenía ciega. Con las herramientas que ella me dio, he podido paso a paso volver a mí: a tener fe, a soltar el control, a bajarle al ego y a rendirme ante Dios.

Y aquí no hablo de religiones, sino de conexión. De ser más amorosa conmigo. Pero, sobre todo, de entender que las decisiones que tomo a diario son fundamentales.

¿Tengo todo resuelto? ¡Claro que no! Jajaja. De hecho, aún hay muchas cosas por resolver, pero ya no dependen de mi control ni de cómo yo quiero que sucedan. El cielo empezó a abrirse, y ese rayito de luz ha transformado muchas situaciones de mi vida. Por supuesto, también me he hecho cargo de lo que sí depende de mí.

Empecé otra vez, (Sí, ya van varias). Digo “de nuevo” y no “de cero” porque ya tengo muchas herramientas y, sobre todo, experiencia de cómo no embarrarla nuevamente. Me dio susto, incluso dudé pero me lancé y confío.

Aquí vamos de nuevo. Vamos otra vez a crear, con metas nuevas, más claras, y con la firme intención de seguir mi propósito y, por supuesto, de probar y hacer cosas que jamás había hecho.

Gracias por llegar hasta aquí 💛
Es uno de los artículos más personales que he escrito y me encantaría que junt@s camináramos este nuevo sendero. Y por último, pero muy importante: gracias a los que se quedaron viviendo este proceso conmigo, a los que me sostuvieron, me acompañaron y nunca se alejaron en mi momento más oscuro. Ustedes saben que los amo y los llevo en mi alma. 🌿

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